SÍ HUBO ALERTAS TEMPRANAS SOBRE LA CRISIS NACIONAL Y MUNDIAL
Oficina de Prensa Senador Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 31 de marzo de 2009.
Para quienes siguieron la evolución de los sucesos económicos de los últimos años no fue una sorpresa la crisis de la economía nacional e internacional.
Tal el caso del senador Jorge Enrique Robledo, quien en los siguientes artículos, publicados en 2006, 2007 y 2008 en los periódicos La Patria, El Nuevo Día y La Tarde –que también circularon por Internet, así como en no pocas de sus conferencias y debates–, llamó la atención sobre la gravedad de las amenazas económicas en ciernes.
Entonces, ni la tecnocracia neoliberal ni el presidente Álvaro Uribe pueden declararse sorprendidos por el crac que azota a Colombia y al mundo y menos tienen disculpas por no haber intentado impedir que la crisis azotara el país con toda su fuerza o siquiera para ‘prepararlo’ para lo que se avecinaba, aun cuando fuera en su propia lógica de sometimiento a las orientaciones de las instituciones internacionales de crédito.
Y lo que es peor, menos puede justificarse que en pleno estallido de la crisis, y cuando muchas cosas indican que puede ser de proporciones gravísimas, se empeñen en continuar con las mismas políticas económicas que causaron el problema.
SE DESINFLAN LAS BURBUJAS
Jorge Enrique Robledo, 30 de junio de 2006
Alguien podrá pensar que el plural del titular de este artículo es equivocado, porque debería referirse a una burbuja, la especulativa de la Bolsa de Valores de Colombia. Pero no, está bien, porque también se refiere al desinfle del globo retórico que creó el uribismo con el cuento de que el crecimiento económico se explicaba por sus medidas y no por factores externos ajenos a su voluntad, los cuales, eso sí por su responsabilidad, concentraron todavía más la riqueza en unos pocos, incluidos los especuladores que ganan por la prerrogativa que les brinda el Estado de comprar barato y revender caro. El momento también es propicio para juzgar la cantidad y calidad del crecimiento y mencionar lo que seguramente vendrá con la nueva situación.
Según Cambio (12.06.06), entre los enchapados en oro en esta etapa hay una empresa que pasó de ser una modesta casa de corredores de bolsa a registrar “operaciones diarias por tres billones de pesos” y que tiene que ver con el 20 por ciento de las operaciones en la Bolsa y con el 23 por ciento de las transacciones del “Sistema de Negociación del Banco de la República”, sistema creado en beneficio de los llamados “creadores de mercado” (qué tal el descaro del nombrecito) que montó el Ministerio de Hacienda en 1999 y que les permite a algunos “acceder de forma exclusiva a las subastas primarias de títulos de deuda pública”. Y son tales los chalaneos de este mundillo de la especulación que esa firma fue multada en 2003 con 160 mil millones de pesos, suma que en los alegatos ya va en veinte mil millones.
¿Alguien apostaría a que no será exonerada o a que no pagará con una bicoca?
El desinfle de la burbuja bursátil les ha generado pérdidas por unos siete billones de pesos a quienes compraron acciones al principio de 2006, al igual que por alrededor de 600 mil millones a los tenedores de TES. Pérdidas que son reales y que no solo afectan a los especuladores profesionales. También lesionan a pequeños inversionistas, a empresas del Estado y a gentes del común por la vía de golpearles las pensiones y las cesantías, lo que terminará por afectar a toda la economía. Luego es falsa la afirmación del director de Planeación Nacional y próximo funcionario del BID de que “es un evento muy concentrado en pocas personas y sectores”.
Es unánime la explicación de por qué cayó la Bolsa de Colombia, cuya baja fue mayor que las del resto del mundo porque estaba más inflada por los especuladores: la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de subir las tasas de interés de sus papeles cambió la dirección del capital rentista, de manera que este, cual golondrina, empezó a regresar de los países adonde había ido atraído por las mayores rentabilidades. También cuenta que el alza de la tasa de interés internacional empeora las finanzas públicas, pues vendrá más devaluación del peso, mayor costo del dinero e incremento de la abultada deuda oficial, endeudamiento exagerado que también contribuyó con la burbuja y el crecimiento económico.
Además, salió un estudio del CID de la Universidad Nacional de Colombia que señala otras verdades. El crecimiento del país de los últimos tres años ha debido ser mayor que el de otros países del vecindario, pues también se benefició del ciclo ascendente de la economía mundial e incluso más por la bonanza de los precios del petróleo, el carbón, el níquel y el café. Explica que, “en el mejor de los casos”, el nivel de pobreza de 2005 (49,2 por ciento) es apenas 0,3 por ciento menos malo que el de 1995 y pone el dedo en la llaga de la especial y vergonzosa concentración de la riqueza. Y agrega que ese crecimiento –mediocre, no hay que olvidarlo– “es insostenible”, porque entre los cambios posibles están el TLC y la pérdida de la suficiencia petrolera.
Quienes piensen que estas son “calumnias de lo oposición”, que mediten sobre el editorial de Dinero Nº 254, revista tan afecta al establecimiento neoliberal: “Antes del bajón que se acaba de presentar en los mercados financieros, quizás era posible imaginar que en adelante todo seguiría igual (…) La pregunta que surge ahora es si, en un contexto externo mucho menos favorable, a la economía le va a ir igual de bien. La respuesta es no, definitivamente”.
¿Insistirá el uribismo en que la economía creció por la “seguridad democrática” y en que su baja será por las condiciones externas?
OJO A LA ECONOMÍA
Jorge Enrique Robledo, 22 de agosto de 2007.
Un serio golpe acaba de sufrir la economía nacional. El 16 de agosto pasado, las acciones registradas en la Bolsa de Valores de Colombia padecieron la mayor pérdida entre las bolsas de América Latina, con una reducción de su valor de nueve billones de pesos. El peso fue la moneda que más se devaluó frente al dólar en el mundo, devaluación que es la segunda mayor en la historia del país, tendieron al alza las tasas de interés y perdieron grandes sumas los tenedores de TES, entre ellos los fondos de pensiones y cesantías, es decir, los colombianos rasos, porque los propietarios de dichos fondos no ganan por tener éxito en su administración, sino por el simple hecho de administrarlos.
Hasta los analistas del establecimiento, como Rudolf Hommes, coinciden en alertar sobre el futuro de la economía nacional, al decir que “lo más probable” es que los capitales golondrina que venían a Colombia regresen al extranjero (y ya lo están haciendo) o dejen de venir, y que ello hará más difícil y costoso el endeudamiento externo. El Índice Embi, que mide la diferencia entre el costo de la deuda de los países y la tasa de los Bonos del Tesoro de Estados Unidos, pasó de 95 a 201 puntos desde junio. Carlos Caballero Argáez explicó que el país de América Latina que más depende del crédito y la inversión extranjera para pagar sus importaciones y su deuda externa es Colombia, con un déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos que equivale al 3,2 por ciento del PIB, lo que agrava las consecuencias de los mayores costos del endeudamiento y de la corrida de los inversionistas. Para completar, por cada peso que sube el dólar la deuda externa del gobierno crece 28 mil millones de pesos, y este ha subido 200 pesos en el último mes. La burbuja especulativa seguramente llegará a su fin.
Ante semejante situación, quienes le creen a Álvaro Uribe todos sus cuentos se estarán preguntando: “¿Será que el Presidente decidió desmontar la ‘seguridad democrática’? ¿Por qué lo haría si a ella se debía el buen desempeño económico?”. Ironías aparte, la cara positiva de lo que ocurre es que los hechos, otra vez los hechos, confirmaron que así como los actuales problemas del país vienen del exterior, la causa principal del crecimiento durante este gobierno no obedeció a la “seguridad democrática”, sino a los efectos del auge de la economía mundial, y no solo por los mayores precios del café y de las otras materias primas que exporta Colombia. El propio Oscar Iván Zuluaga puede dar fe de las constancias que se le dejaron al respecto, las cuales incluyeron la crítica a la negligencia del gobierno frente al probable tsunami económico que se estaba gestando por fuera de las fronteras nacionales desde hacía rato.
En junio de 2006, por otra caída de las bolsas, en esta columna se alertó sobre el reflejo en el país de los problemas que ya vivía la economía mundial. Además, la actual crisis empezó con la del mercado de la vivienda en Estados Unidos el año anterior, e incluso se enquistó desde antes, cuando la Reserva Federal norteamericana redujo, en los inicios del siglo XXI, la tasa de interés a casi nada, para superar la crisis de la burbuja especulativa del Internet. Y aunque nadie tiene la certeza de lo que pasará, sí hay consenso en que, por lo menos, se reducirá el crecimiento de la economía mundial, al tiempo en que aumentan los que pronostican una recesión en Estados Unidos y en el mundo. Si así fuere, lo que se discutirá en Colombia no será el tercer período de Uribe, sino si terminará el segundo.
La crisis hipotecaria de Estados Unidos contagió al resto del sector financiero de ese país y al de Europa y Japón, pues estos también especularon con las llamadas hipotecas subprimes, las cuales no fueron catalogadas como estafas a largo plazo porque contaron con la bien paga alcahuetería de las supuestamente pulquérrimas firmas calificadoras de riesgo. Afirmó un especulador: “Los préstamos de alto riesgo (subprimes) eran lo que llamamos préstamos de neutrones: matan la gente y dejan intactas las casas”. Pero el problema es más profundo, en razón de que nace de la esencia misma del “libre comercio”, que convirtió toda la economía mundial en el paraíso de los especuladores de todos los tipos, y porque el Imperio norteamericano padece por dos cifras que están en la base de los problemas globales: importa más de lo que exporta por 818 mil millones de dólares al año y sus gastos estatales superan los ingresos corrientes en 430 mil millones de dólares anuales.
LA ECONOMÍA PUEDE REVENTARSE
Jorge Enrique Robledo, 24 de enero de 2008.
Luego de negar por meses que Estados Unidos iba hacia una fuerte crisis económica, al propio George W. Bush le tocó aceptarla, y hacerlo con una medida que prueba su gravedad: devolver impuestos por 150 mil millones de dólares, en un país que sufre por un déficit fiscal que asciende a 250 mil millones de dólares, una de las causas de la recesión, la temida palabra que no querían usar.
Nadie sabe con precisión qué pasará, pero predominan los analistas, incluidos los neoliberales, que ponen el énfasis en la extrema gravedad de la crisis gringa y en que arrastrará al mundo, pues su economía participa con el 25 del total. Hay quienes dicen que es el peor problema económico desde la Segunda Guerra Mundial, otros asemejan lo que ocurre con la depresión (una recesión agravada) que empezó en 1929 y se leen análisis acerca de que está por desaparecer el orden –si así puede llamarse– constituido alrededor del dólar y de las decisiones de Washington que crearon el FMI en 1948. Además, no hay duda de que está fracasando la propia globalización neoliberal, calculada para impedir la debacle en ciernes, por la vía de exacerbar las diferencias económicas entre los países y los individuos. Pero ya veremos a Rudolf Hommes y a Armando Montenegro plantear que se siga con el plan a cualquier precio, al tiempo que ocultan en cuánto se han lucrado y se lucrarán con él.
¿Qué le ocurrirá a Colombia, cuya Bolsa ha tenido una de las peores pérdidas en el mundo? El común de los comentaristas, incluidos varios de los neoliberales sin puesto en el gobierno, ha reconocido que el país es el peor preparado en América Latina para las nuevas asechanzas. Entre las debilidades enumeran la excesiva dependencia de la economía nacional de la de Estados Unidos, el déficit fiscal, la inflación, las altas tasas de interés y ser el único país de América Latina que sufre por un enorme desbalance entre los dólares que gasta y los que puede generar. Los hechos confirman que no era cierto que la economía creciera por la “seguridad democrática” y desnudan la irresponsabilidad del gobierno para tratar una crisis que anunciamos desde hace meses.
Complican también las cosas los problemas con Venezuela, país que ha jugado un papel irreemplazable ante la caída de las exportaciones a Estados Unidos. Y las complican aun si no existieran los enfrentamientos entre los dos gobiernos, porque es imposible que las ventas colombianas mantengan el ritmo de crecimiento de los años anteriores y porque no sería sorprendente que cayeran los precios del petróleo, al igual que los de las demás materias primas. Esperemos que a los dos gobiernos no se les ocurra pensar que para qué, entonces, mejorar las relaciones. Así como hay que criticar los actos del Presidente de Colombia violatorios de las normas que deben regir las relaciones entre los dos países, deben rechazarse la forma y el fondo de muchas de las afirmaciones del Presidente de Venezuela y las posiciones suyas que significan una injerencia indebida en los asuntos internos de Colombia. Pero insistamos en la urgente necesidad de retomar –por el bien de los pueblos de los dos países– el respeto mutuo entre los gobiernos, así mantengan notorias diferencias.
En la crisis que se avecina, que debe exacerbar las políticas imperialistas de las potencias para paliar sus problemas, seguramente el país más débil es Colombia, en razón de la naturaleza de Álvaro Uribe y de la debilidad inherente a un primer mandatario que no resistiría que la cancillería de un país poderoso le sacara a relucir en público que la casi totalidad de las decenas de parapolíticos son uribistas. ¿Y no llama la atención que insista en que se apruebe el TLC, un acuerdo que le quita al país la cláusula de balanza de pagos, el más poderoso instrumento diseñado, precisamente, para enfrentar un tsunami económico del tamaño del que empieza a azolar el mundo?
Coletilla. De la carta del Polo que repudia el nuevo despropósito de Álvaro Uribe: “¿Habrá justicia para el Presidente de la Corte Suprema si el acusador, los testigos y los jueces comparten los mismos intereses y pertenecen al mismo grupo donde militan casi todos los parapolíticos investigados por dicha Corte? ¿Será posible concebir algo más sesgado? Que nadie se sorprenda si este caso llega a los tribunales internacionales”. Como de nazis la opinión del ministro del Interior al defender la “libertad de expresión” de quienes agredieron tanto a Piedad Córdoba que las autoridades debieron protegerla. ¿En qué dirección se mueve políticamente un país en el que ocurren cosas como estas y en el que el aparato propagandístico de la Casa de Nariño, con el obsecuente apoyo de tantos medios, logra que tantos piensen que viven en una democracia?
MÁS DE LO MISMO QUE ENVENENA LA ECONOMÍA
Jorge Enrique Robledo, 24 de julio de 2008.
No fue por un capricho que Álvaro Uribe le dedicó su discurso del 20 de julio a la situación económica. Esta es la principal preocupación de los cacaos y los cacaítos, los dirigentes gremiales y los principales analistas, sean académicos o tecnócratas neoliberales, y de quienes tomamos la política en serio, estemos del lado de la oposición o del gobierno. ¿Por qué este inusitado consenso? Porque todos vemos que están en rojo la casi totalidad de las luces del tablero que indica cómo va la economía.
Sigue la revaluación destruyendo el aparato productivo, el agro no levanta la cabeza y caen la producción industrial, las ventas del comercio y el consumo de energía eléctrica, suben la inflación y la tasa de interés, disminuyen las utilidades de las empresas y crece la cartera morosa en los bancos. Colombia sufre por el peor desempleo del continente y este tiende a aumentar a la par con la pobreza y la miseria, en tanto que se consolida la tendencia deficitaria de la balanza de la cuenta corriente, indicador especialmente alarmante porque demuestra que el país no logra generar los dólares que requieren las importaciones y la deuda externa propias del modelo neoliberal. Peor, bien difícil; pero también estamos cerca de coincidir en que las cosas se deteriorarán aún más, incluso hasta recordarnos el fatídico 1999.
¿Cómo explicarse que la economía vaya tan mal, y en el semestre en que el gobierno ha proclamado sus mayores victorias militares? ¿Sería que, se preguntarán los más inocentes, el presidente Uribe empezó el desmonte de la seguridad democrática, olvidando que de ella provenía el crecimiento económico? ¿Se trata de una pesadilla? El asunto es más simple: los hechos, la práctica, la vida social, ratifican que el alza de la economía de los años anteriores no tuvo como causa fundamental, determinante, las medidas del gobierno y la seguridad democrática, como dijo el uribismo, sino otras razones, entre ellas un auge económico mundial que puso a crecer a todos los países, sin excepción, a tasas especialmente altas para sus historiales.
Y las cosas en Colombia deberán agravarse por dos razones principales. La primera, porque desde hace meses empezó una gravísima crisis en Estados Unidos, la misma que ya golpeó con fuerza a Europa y Japón y empieza a sentirse duro en el resto del mundo, hasta tal punto que se anuncia que será larga y profunda. Un par de datos sobre su impacto: tres millones de familias norteamericanas perderán sus viviendas entre 2007 y 2008 y si el sistema financiero estadounidense no ha colapsado, ha sido sólo por las descomunales operaciones de rescate pagadas con la plata de los contribuyentes.
La segunda razón tiene que ver con las malas políticas internas que causan los problemas que ya se padecen, más los tercos anuncios de Uribe en el sentido de que no las modificará. No obstante haberse demostrado su fracaso para enfrentar la situación, este insiste en resumir su panacea en una frase: “Confianza inversionista, confianza inversionista, confianza inversionista”, la cual significa mantener las gabelas extremas para las trasnacionales, el desdén para el empresariado no monopolista y el mayor desempleo y pobreza para el pueblo. Lo que viene también confirmará que la plutocracia significa que en los tiempos buenos ganan muy pocos y en los malos perdemos todos los demás.
La ocasión es propicia para comentar otro hecho cuidadosamente ocultado por el aparato de propaganda de la Casa de Nariño. De acuerdo con un estudio del Centro de Estrategia y Competitividad (CEC) de la Universidad de los Andes, a partir de cifras del Global Competitive Index del Foro Económico Mundial de Davos sobre la percepción de los grandes inversionistas del mundo, “en el costo empresarial derivado del terrorismo, en 2007 Colombia se ubicó en el puesto 129 entre 131 países, una pérdida de seis puestos frente al 2006; en los costos derivados del crimen y la violencia el retroceso fue de 11 puestos (quedó de 112); en el crimen organizado la caída fue de 15 puestos (llegó al 126)” (Cambio, Jun.20.08).
¿Cómo explicar que los mismos magnates que por doquier hacen tanto uribismo en público, en privado opinen así sobre los resultados de la política que supuestamente los atrae al país? ¿Por qué aumentan sus inversiones en Colombia? Porque, como también lo dice el CEC, en sus costos incluyen los gastos en seguridad y a toda la inversión le sacan tasas de ganancias superlativas, por las exageradas gabelas que les concede el gobierno y que, decimos otros, están en la base del atraso y la pobreza nacional.
Y SE REVENTÓ LA ECONOMÍA
Jorge Enrique Robledo, 17 de octubre de 2008.
En la última semana de enero de 2008, esta columna se tituló: “La economía puede reventarse”, refiriéndose a la grave crisis que en ese momento reconoció la Casa Blanca afectaba desde hacía más de un año a Estados Unidos. Hoy toca decir que esa advertencia se cumplió y se sigue cumpliendo, pues el problema se encuentra lejos de tocar fondo, como han tenido que reconocerlo hasta quienes en parte ganan por aparecer optimistas.
Como era de esperarse, la crisis no se limitó a Estados Unidos, lo que puso en ridículo a quienes charlatanearon sobre los “desacoplamientos” de unos países con otros, luego de que ellos mismos ayudaran a engancharlos a todos y contribuyeran a “nivelar la cancha” de la economía mundial, frase que significa que en caso de un tsunami económico la ola destructora avanzará sin ningún obstáculo por todo el globo, como está ocurriendo, incluidas América Latina y Colombia, país que puede sufrir como los que más y en el que nuevamente se demostrará que la causa fundamental del crecimiento de los años anteriores no fue la “seguridad democrática”.
Según también se advirtió, aumentan los que señalan que la crisis puede ser igual o peor que la de 1929, la peor de la historia del capitalismo, así hoy se entienda mejor la necesidad de usar con especial fuerza la intervención del Estado para enfrentar el desastre. La diferencia con los sucesos de hace ochenta años puede estar en que ahora el capitalismo global cubre a todos los sectores de todos los países, sin excepción. Luego los efectos de la crisis podrían ser aún mayores y, en esa medida, acrecentarse también las contradicciones entre las potencias económicas y entre estas y sus países satélites, al igual que las luchas de resistencia de los pueblos empobrecidos de todo el orbe. Si hasta Krugman dice que la crisis del 29 se “resolvió” con la II Guerra Mundial, pues con ella se destruyó la producción que “sobraba”, ¿adónde podrán llegar los enfrentamientos entre las potencias por los mercados?
Lo que ocurre se entiende mejor si se sabe que esta crisis no empezó en el sector financiero ni es toda producto de la especulación de unos banqueros tan ricos como inescrupulosos, a favor de los cuales conspiró la tecnocracia neoliberal al ocultar lo que ocurría. En efecto, esta crisis comenzó por donde se “solucionó” la anterior, cuando se desinfló la burbuja especulativa de las empresas punto com, “solución” que consistió en convertir en consumidores a los millones de gringos pobres que carecían de capacidad de compra, para lo que utilizaron el truco de venderles viviendas con los créditos bien llamados subprime (subóptimos o basura), porque se sabía que no podrían pagarlos.
Que la crisis tiene como causa última la pobreza explica por qué no puede superarse solo con las descomunales transferencias de recursos públicos a los bancos y a los banqueros y por qué caen también las acciones de las empresas no financieras, pues se sabe que en estas debacles, como disminuyen las ventas, tiene que caer también la producción, acrecentando más el desempleo, los bajos salarios y la pobreza, con lo que disminuye otra vez la capacidad de compra. Se está, entonces, ante la clásica crisis capitalista, en la que los problemas del sector real de la economía llevaron al colapso el sector financiero, luego de intentar evadir este sino trágico del sistema y llegar al extremo de que por cada dólar en la industria, el agro, los servicios y el comercio había 364 dólares en las finazas, de manera que los especuladores le arrebataban al sector real la parte principal de sus ganancias.
Si se analiza con objetividad lo que ocurre tendrá que reconocerse el estruendoso fracaso de la globalización del “libre comercio”, pues lo cierto es que esta se diseñó con el objetivo de impedir una crisis como la actual en Estados Unidos y en los demás países desarrollados, propósito para el cual sacrificaron a casi todo el resto del mundo, reduciéndole su capacidad de producir y acumular riquezas y agravando el desempleo y la pobreza, azotes que los imperialistas querrán aumentar en esta nueva etapa, al exigirles a los pobres del mundo que paguen los platos rotos. Que ni se sueñe, por tanto, en que los neoliberales abandonarán sus teorías y sus prácticas. Simplemente, les harán un par de ajustes en su beneficio e incluso en contra de sus peroratas antiintervencionistas, pero sin dejar de insistir en su codicia y en profundizar las desigualdades entre los países y entre las clases sociales. Como ya se ha probado en la historia, los países solo cambian cuando cambian los pueblos y estos relevan del mando a quienes los mal gobiernan y a sus políticas.
A propósito de la reunión del BID
50 AÑOS ES DEMASIADO TIEMPO
Jorge Enrique Robledo, 25 de marzo de 2009.
Si se considera que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) no solo presta plata, sino que, como sus semejantes, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, condiciona sus recursos a que los países “favorecidos” actúen según sus indicaciones, un balance de sus cinco décadas exige juzgar la economía colombiana en ese lapso, cuando solo se presentó una diferencia importante entre lo que deseaba Washington y lo que se decidió en Bogotá durante el gobierno de Carlos Lleras Restrepo.
Así, el conjunto de la gestión del BID no tiene cómo defenderse aun si se acepta, pero solo en gracia de discusión, lo adecuado de los proyectos y que se financiaron con créditos de auténtico fomento al progreso de los países “beneficiados”. Carece de defensa, porque el nivel de vida de Colombia avergüenza a las gentes civilizadas y porque la atrofia de la economía nacional solo puede verse como inevitable si se ignoran las mejores experiencias de otras latitudes. ¡Y es en términos del desarrollo del capitalismo como se plantea el debate!
Las instituciones extranjeras que han orientado a Colombia evaden explicar por qué un país con más de un millón de kilómetros cuadrados de enormes riquezas naturales y 42 millones de habitantes trabajadores, inteligentes y creativos languidece en el atraso y la pobreza. ¿Por qué el capitalismo de Estados Unidos, Europa y Japón funciona con desempleos de un dígito y pobrezas del orden del 10%, en tanto aquí los cesantes y los empleados en la informalidad pasan del 60% y la pobreza tortura a un porcentaje similar? ¿Por qué las economías de allá se basan en la producción de bienes de alta complejidad científica y tecnológica, mientras que la de aquí importa lo complejo y sobrevive de exportar materias primas agrarias y mineras, recordándonos a la Colonia española? ¿No requiere el progreso de Colombia configurar un vigoroso mercado interno y que sus trabajadores, con todos los derechos laborales, les agreguen valor a las materias primas nacionales e importadas?
Además, ¿cómo justificar que se importen ocho millones de toneladas de bienes del agro, cuando hay nueve millones de hectáreas con vocación agrícola y gentes de sobra para trabajarlas? ¿Constituye un triunfo para Colombia que, con la apertura, sus principales fuentes de acumulación de capital pasaran a manos foráneas? ¿No es el colmo del despilfarro formar a millones de colombianos para luego expulsarlos a que contribuyan con el progreso de otros países? La peor crisis de la historia del país, entre el siglo XX y el XXI, ¿no la causaron las políticas del Consenso de Washington? ¿No da grima oír que el país está “blindado” o “preparado” frente el tsunami económico que precipitó el estallido de la burbuja especulativa de Wall Street, burbuja con la que se aplazó el veredicto sobre el rotundo fracaso de la globalización neoliberal? ¿Es serio afirmar que las políticas de “libre comercio” modificarán positivamente la economía nacional, hasta hacerla similar a las que, sin razón, se dice que imita?
Y la tendencia del país ha sido y es a empeorar, como lo prueba que el producto per cápita de Estados Unidos fuera 5 veces mayor que el de Colombia en 1900, 11 veces superior en 1960 y 15 veces más alto en 2007.