EL NEO-ESTADO NEOLIBERAL

Publicado en por CONTRAPUESTOS

Aurelio Suárez Montoya, eltiempo.com, noviembre 12 de 2008

Es común escuchar la frase de Keynes, “en el largo plazo todos estaremos muertos”, para refutar los paradigmas de la economía clásica que atribuyen que con el tiempo una “mano invisible” equilibrará la oferta y la demanda hacia el pleno empleo y el bienestar general. La globalización neoliberal se montó con tales principios de la competencia perfecta; si se permitía la integración mundial de los mercados de bienes, de servicios y de capitales, a larga se llegaría a la convergencia de las economías de las naciones débiles con las poderosas y a altos niveles de desarrollo.


Con base en esta teoría, defendida por las instituciones internacionales, lideradas por el FMI, se impusieron a muchas naciones las reformas de libre mercado, de apertura y de privatizaciones, consignadas en el Consenso de Washington, que exigían la marginación del Estado del entorno económico. Entre nosotros se presentaron con la enseña, “bienvenidos al futuro”.


El infarto de Wall Street, que aún está en curso, es un grave sincope del neoliberalismo del que todavía no se conoce todo el daño real causado. Se está en un punto de desenlace de contradicciones propias del capitalismo, agravadas por algunas nuevas y particulares de Estados Unidos en declive, que hacen, a pesar de las medidas paliativas, presagiar resultados más calamitosos que los hasta ahora vistos. Es una crisis sistémica ya manifestada en los mercados de crédito, de energía y de alimentos y con un alza global de la inflación y parálisis de varias ramas de la economía real. Crecerán por decenas de millones los pobres y los desempleados.


Abundan opiniones favorables sobre las medidas tomadas por las autoridades monetarias norteamericanas para redimir la economía y, de sus intenciones, de “volver a la senda del crecimiento”. Han contado con respaldo bipartidista y se  celebra el retorno a otrora cuando el Estado intervenía en pro de la demanda efectiva, del ingreso, del empleo, de la inversión y de los círculos virtuosos de la economía.


No obstante, aunque el instrumento relevante de la terapia a la crisis, a ambos lados del océano, es la intervención del Estado, no se trata de una similar a la del New Deal de Roosevelt luego del crac de 1929. No se está hablando de Leyes Agrícolas, ni de programas especiales de empleo, ni de leyes de Recuperación Industrial y menos de una planificación central organizada que regule las secuelas de la concentración de riqueza y de activos. Hasta el momento la liquidez brindada a la economía y el rescate financiero están limitados a algunas de las 171 entidades financieras en o al borde de la bancarrota. Los distintos  programas puestos en marcha suman cerca del 15% del PIB, y llevarán la deuda pública a 10 billones de dólares. Los 700.000 millones aprobados por el Congreso tienen como fin primero adquirir las “hipotecas tóxicas”.


¿Por qué el centro principal de apoyo del gasto público, se dirige a Wall Street? Es un reflejo del cambio en 80 años de la naturaleza democrática de la sociedad norteamericana y se da en las políticas públicas. Es otra ahora la economía política. Estados Unidos tiene el más alto coeficiente de Gini, 0,36, de todos los países desarrollados con 37 millones de pobres; mientras en 1970, el 40% más pobre recibía el 15% del ingreso, en 2002, sólo tuvo el 12,3%. Entre 1970 y 2000, después de impuestos, el ingreso de las familias del 20% más pobre creció el 9% mientras el del 1% más rico subió el 201%. Esta iniquidad ha sido denunciada por el premio Nobel, Paul Krugman.


No se pueden echar campanas al vuelo por la intervención estatal. En ella se reflejará el sesgo de desigualdad que margina a centenares de millones favoreciendo a la elite financiera, inclusive con preferencia a algunos sectores de ella. Las crisis en el capitalismo se resuelven mediante la concentración en más pocas manos de los medios de ganancia y ésta no será la excepción. Es un Estado plutocrático, el neo-estado neoliberal, que sale a la redención de pocos con el sacrificio de muchos. Las noticias y los hechos ya dan indicios de los consorcios y conglomerados que están cayendo sobre los restos de los cadáveres del estallido de Wall Street. Al final, la crisis tendrá como efecto principal una mayor desigualdad y el Estado ayudará en ello. Es un salvamento con nombre propio tanto para favorecer como para inmolar.

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Etiquetado en Neoliberalismo

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